El origen y la razón de que este museo nacional del títere se encuentre en la ciudad de Huamantla, Tlaxcala, se remonta a los años 30 del siglo XIX, cuando el maestro titiritero italiano, Margarito Aquino, enseña su arte a cuatro jóvenes hermanos huamantlecos, Julián, Hermenegildo, Ventura y María de la Luz Aranda, quienes fundan, en 1835, la Empresa Nacional de Autómatas, con bellísimos títeres fabricados por ellos. Al morir Julián y Hermenegildo, continuaron dando funciones Ventura, María de la Luz y su esposo, Antonio Rosete, primero, en un corralón y, después, en el primer teatro que existió en Huamantla. Con el tiempo, fueron creando más personajes, dando lugar a sus famosas tandas, en las que daban funciones de circo, con payasos, equilibristas, maromeros a caballo, su pista y hasta los espectadores; también presentaban el palenque, con gallos de pelea que abrían sus alas y erizaban las plumas del cuello, con el juez, los amarradores, los corredores de apuestas, el gritón, músicos, cantantes y el público, o sus tardes de toros, con su plaza, graderías, su picador, toros y toreros que eran manejados con verdadera maestría.
Cuando murieron don Antonio Rosete y María de la Luz Aranda, tomó las riendas de la compañía su hijo mayor, Leandro Rosete Aranda, quien junto con sus hermanos, Adrián, Felipe, Tomás y María Mecedonia, y su tía Ventura, se trasladaron a la Ciudad de México en 1880, ofreciendo seis tandas, de las tres de la tarde a las once de la noche, en el Teatro de América.
En el Diario de la República, el 28 de noviembre de 1880, el célebre poeta don Ignacio Manuel Altamirano escribió:
“Los títeres, ¿lo oís? Los títeres… pero no los títeres que estamos acostumbrados a ver, sino una maravilla de títeres, como apenas han visto iguales las barracas ambulantes de Italia, los teatritos ahumados de Inglaterra y las tiendas de feria de Francia… Los títeres de Leandro Rosete Aranda”.
En 1883, Leandro se casó en Huamantla con María de la Luz Reséndez Vélez, con quien tuvo varios hijos, uno de ellos, Francisco, continuaría más tarde la tradición de la familia Rosete Aranda. A partir de aquel mismo año, la compañía realizó con éxito varias giras por el interior de la República, los Estados Unidos y Centro América.

Para 1894, contaban con su propia imprenta en la ciudad de Huamantla, para imprimir su propaganda y las hojitas en las que imprimían algunas de las piezas literarias que formaban parte de sus actos, que se vendían a 6 centavos, como el “Discurso del Vale Coyote”, personaje que sirvió de inspiración a Mario Moreno para crear su personaje de “Cantinflas”, y las “Coplas de Don Simón”, cuya frase final se volvió de uso popular para denotar los desenfrenos de los tiempos modernos: “¡Ay qué tiempos, señor don Simón!”.
De regreso a la Ciudad de México, en 1900, inauguran con su espectáculo el Teatro Variedades de la calle de Ayuntamiento, donde después se fundaría la estación de radio XEW y donde permanece hasta la fecha. Don Leandro Rosete Aranda muere en octubre de 1909, quedando al frente de la compañía su viuda María de la Luz, quien continúa con las funciones por todo el país. A principios de 1912 toman un breve receso en Huamantla, a fin de reparar los títeres, las escenografías, la utilería y a ensayar nuevos actos.
Los Rosete Aranda llegaron a formar una colección de 3,000 títeres, cada uno de ellos de 60 cm de alto; sus caras eran de madera de ayacahuite virtuosamente talladas y sus cuerpos eran de madera de colorín, también llamada zompantle o patol; sus vestimentas también eran dignas de admiración. Algunos de sus personajes llegaron a tener hasta 19 hilos, para imitar con la mayor perfección posible los movimientos humanos. Los titiriteros tenían que practicar durante dos años para manipular una marioneta, con la perfección clásica de los Rosete Aranda. Crearon en su más de un siglo de existencia más de 100 actos diferentes, algunos de ellos de gran complejidad, como el naufragio de un barco, donde el feroz viento rompía los mástiles, las velas se desgajaban, el timón salía por los aires, las olas barrían la cubierta, hasta que finalmente se hundía la embarcación y se veía como llegaban sus restos hasta el fondo del mar. Son incontables también sus populares personajes que hacían la delicia de chicos y grandes.
En febrero de 1941 cerró sus puertas la Compañía de títeres de los Hermanos Rosete Aranda; los 3,000 títeres fueron guardados por don Francisco Rosete Aranda en su casona de Huamantla y más tarde vendidos casi en su totalidad a un museo de muñecos de los Estados Unidos, conservando sólo cinco de ellos, que hoy pueden ser admirados en el museo que con justicia lleva su nombre en la ciudad de Huamantla, el cual fue fundado en el año de 1991.
En su inauguración, el maestro titiritero Javier Villafañe, reconocido poeta y escritor de cuentos, incluidos los infantiles, expresó que era el más bello museo del títere que él hubiera visto en su vida, mientras que la maestra Concha de la Casa, directora del Centro de Información y Documentación de los Títeres en Bilbao, España, opinó que es uno de los pocos que existen en su género, en el mundo entero.
El museo, que ocupa parte de la casa del siglo XIX que perteneció a la familia Barrientos Carvajal, no sólo contiene los personajes sobrevivientes de la compañía Rosete Aranda; también cuenta con piezas articuladas de origen prehispánico, encontradas en la zona de Cacaxtla y Xochitécatl, además de títeres originarios de la India, Indonesia, Italia, Inglaterra, Alemania y España. Asimismo, la época de oro del teatro guiñol mexicano también tiene cabida en este museo, considerado como único en su especialidad en Latinoamérica.
Visitas: martes a domingo de 10:00 a 14:00 y 16:00 a 18:00 horas. Domingo de 10:00 a 14:00 horas. Información: (01-247) 472-1033.
Vía http://www.tlaxcala.gob.mx
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